viernes, 7 de diciembre de 2012

En el Subte se juega una causa de todo el movimiento obrero


El traspaso kirchnerista a Macri terceriza la ofensiva antisindical

El proyecto de ley del PRO -que declara al subte como “un servicio esencial” y prohíbe, en la práctica, el derecho de huelga- se ha puesto un objetivo que le queda grande: doblegar al sindicalismo combativo del subterráneo.

Prueba esa intención también el propósito de avanzar sobre las 6 horas por insalubridad. La acción del macrismo sólo puede ser explicada, entonces, en un marco más general: el traspaso del subte al gobierno de la Ciudad representa una tentativa del kirchnerismo de tercerizar el ajuste a través de Macri, lo cual implica también el ataque al sindicato. No es casual que el Ministerio de Trabajo K se niegue en forma empecinada a reconocer a la AGTSyP la personería sindical y la capacidad para refrendar acuerdos paritarios en lugar de la UTA.
No se puede pasar por alto que Roberto Pianelli, el secretario general del sindicato, haya aceptado establecer una suerte de ‘autoregulación’ con el anuncio de que las huelgas serán advertidas con 48 horas de anticipación. Ningún sindicato combativo puede admitir tal cosa, porque esto supone ignorar las condiciones que imponen la necesidad de una huelga inmediata -como ocurre precisamente ahora, frente al descuento del 1% de los salarios en favor de UTA.

Desde enero de este año, el kirchnerismo viene realizando una campaña para que “Macri se haga cargo”del subte. Así, los nacionales y populares le entregan un servicio estratégico a la derecha privatizadora. La entrega del subte puede tener un solo objetivo: que Macri haga macrismo, lo cual muestra que la acción antisindical es parte de la asunción de responsabilidades que le impuso el kirchnerismo.

El traspaso terceriza el ajuste: un nuevo incremento de tarifas (al ya realizado del 127%), impuestazos (a las naftas, a las patentes y autopistas) y el ataque a los derechos sindicales. De esta forma, el kirchnerismo involucra en el ajuste a la oposición.

La complicidad del kirchnerismo con el macrismo se revela, también, en que el Ministerio de Trabajo se niega a reconocer al sindicato formado por los trabajadores del subte, mientras sigue reconociendo la jurisdicción de la burocracia de UTA. El gobierno de la Ciudad le refriega a la dirección kirchnerista de los Metrodelegados que el gobierno que ellos defienden es el que lo obliga a acordar con UTA. ¿Para qué quieren Pianelli y Segovia un gobierno nacional y popular, si éste se hace representar ante ellos por medio de la derecha? ¿Los K en el gobierno, los Macri en el poder?

En la Legislatura, la oposición al macrismo también exige “que Macri se haga cargo” -o sea que desarrolle su política. Por eso negocia el proyecto de ley antisindical, cuando tiene número para evitar su tratamiento. Teme que el retiro del proyecto ponga fin al traspaso. Así, las negociaciones en la Legislatura son una trampa para los trabajadores. Ya ocurrió el año pasado, cuando Macri impuso la derogación de las Juntas de Clasificación de los docentes. Hay que tener en cuenta que el proyecto del subte forma parte de una negociación más amplia, la cual incluye la entrega inmobiliaria de las mejores tierras de la Ciudad. La semana pasada, la Policía Federal K reprimió la movilización de repudio al pacto Macri-K a favor del grupo Irsa.

Macri no firmó el pago del 1% a UTA porque ésta sea la representación legal reconocida. Lo hizo para asociar a la CGT del gobierno a la ofensiva contra el sindicato independiente. Es una provocación para marcar el terreno. Pero el sindicato no debería limitar la huelga a este objetivo, que los usuarios ven como “pelea sindical”. Debe incorporar el reclamo del reconocimiento del sindicato por parte de CFK-Tomada y el retiro del proyecto macrista.

Con esta posición, la huelga debe ser indefinida.

La dirección del sindicato del subte se somete al kirchnerismo, a pesar de que éste no le da la personería. Es un seguidismo derrotista. Debería denunciar la tercerización del ajuste que implica el traspaso y reclamar el retiro de los proyectos de la Legislatura.
Macri está embalado: anunció que estatizaría la concesión. Rechazamos una estatización macrista, porque su fin es que Roggio se vaya con la guita saqueada, para traer a socios nuevos y re-tercerizar servicios conexos al transporte. Roggio debe devolver lo saqueado; la estatización debe ser bajo control obrero; los derechos sindicales, intangibles; la personaría gremial para el sindicato del subte.


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